¿A quién no le ha pasado? … Seguramente a un gran porcentaje de los profesionales de nuestro mercado laboral.
Todo comienza cuando eres un niño. ¡Sí, sí, un niño!. Tus padres quieren lo mejor para ti, un colegio de reputación contrastada, unos buenos compañeros, las mejores actividades extraescolares, etc, en definitiva la mejor educación y preparación para enfrentarte el día de mañana al mercado laboral en una sociedad en la que prima “el padrinaje”.
Tras muchos años de estudios y en la época más preciada por cualquier adulto, con apenas 18 años de edad, te enfrentas a una de las decisiones más importantes de tu vida, la elección de tu carrera profesional. Durante estos años, tus padres se han gastado de media entre 15.000 € (1.000 €/año) y 54.000 € (3.600 €/año si estamos hablando de colegios privados).
Este primer paso, te permite encauzar tus ideales hacia un proyecto de futuro que nunca sabrás si llegarás a culminar. Mientras tanto, otra inyección económica contra el bolsillo de tus padres o familiares, matrícula, libros, Erasmus, doctorados, jornadas, cursos, etc, etc, etc. ¿A cuánto asciende? En mi caso, otros 25.000 €, pero claro, estamos hablando de una universidad pública. ¿Qué hubiera pasado si estuviera en una universidad privada?, entonces, este coste se podría haber triplicado en el mejor de los casos. Si te pones a pensarlo, tampoco es tanto, unos 5.000 €-15.000 € anuales, que viene a ser unos 500 € – 1.500 €/mes, y esto siempre y cuando, sean 5 años de carrera, y no 7, u 8, o 9. Dicen que no es fácil una Ingeniería, pero ¿qué carrera lo es?. Cada carrera universitaria se ajusta a una prueba de fondo en la que tienes que saber dosificar tus esfuerzos en pro de llegar a una meta, que cuando estás en ella sueñas si de verdad has llegado o te ha merecido la pena.
Hasta aquí hemos invertido en nuestro futuro profesional la friolera de 40.000 € a 130.000 €, y todo para plasmarlo en un documento que los profesionales de cada sector o aquellos llamados “headhunter” analizan en apenas 1 minuto. ¿1 minuto? ¡Sí, 1 minuto!. Os cuento …
Tuve la suerte de empezar a trabajar a los tres meses de finalizar mi carrera, y aunque no lo parezca, en mi sector. Durante los siguientes 18 años, he formado una familia, he crecido profesionalmente y como persona, y en la actualidad gozo de un status merecido. No obstante, y viendo los avances académicos de los nuevos talentos, me planteo realizar un Master, esta vez en Dirección y Administración de Empresas, ya sabéis, el típico MBA que me permita saber más del funcionamiento genérico de una empresa o los conocimientos necesarios para ser “emprendedores”.
Comienza la investigación de las mejores escuelas de negocios, las de mejor reputación, las que más renombre tienen, y … en ese impase me hablan del “Instituto de Empresa”, el famoso IE, en Madrid. ¡¡Wow!! Me dicen, o mejor, me venden que si tu curriculum lo vistes con la palabra “EMBA-IE”, tú éxito está asegurado. Total, que tras muchas vueltas y análisis económicos caseros, pido un préstamo bancario a 8 años y me decido sacrificar 15 meses de mi vida, nuevamente por un futuro mejor. Eso sí, esta vez no son mis padres lo que apuestan por esta decisión. Pongo en una balanza los pro y los contra, y parece, según me dicen, que mi futuro está asegurado, y que tanto los conocimientos como los profesionales que conoceré me abrirán infinidad de puertas, no sólo en mi sector, sino también en otros con cargos de gestión empresarial.
Bueno, tras todo esto se esconden otros 50.000 € aproximadamente. ¡Madre mía! Ya llevamos entre unas cosas y otras, entre 100.000 € – 180.000 €. Además, si siempre has tenido ciertas inquietudes, seguro que habrás realizado estudios de idiomas, Master de otro tipo, cursos postgrado, etc, por lo cual podemos hablar de 120.000 € – 200.000 €.
No satisfecho con esas cantidades de dinero, llega un día, en una clase final del famoso EMBA-IE, en el que un Sr. Profesor (profesional donde los haya), te viene a decir que en caso de que te plantees cambiar de trabajo y empezar a echar curriculum, que éste se debe resumir en no más de una cara de un folio, que debe reflejar con claridad y precisión toda la información necesaria, y que el tiempo máximo que emplea la persona de Recursos Humanos que analiza el documento que le has hecho llegar, no viene a superar 1 minuto. ¿Os acordáis de lo que os comenté?
Si, Sres. y Sras., nuestra vida profesional no vale 120.000 € – 200.000 €, sólo vale el minuto que empeña la persona que tras ese tiempo considera si eres o no apto para seguir un proceso de selección para optar por un puesto de trabajo que ni siquiera tú sabes si te conviene o es lo que realmente quieres.
¿Os acordáis de ese “padrinaje” que os mencioné?, seguro que si, pues todo es mucho más sencillo si tenéis un primo, tío, amigo de la familia, que os ahorra todo tipo de Master, cursos, entrevistas, etc, etc, en beneficio de vosotros mismos, y en consecuencia de vuestro bolsillo.
En resumen, no es el coste económico invertido el que os permitirá gozar de un status o posición empresarial acorde con nuestras capacidades, sino el minuto que una vez un personaje llamado «Headhunter» o el de «Recursos Humanos», haya considerado que somos o no aptos para una posición que un tercero les solicita.
Recordad, 1 minuto = 120.000 € – 200.000 €, ¿cuándo recuperamos esa inversión?, seguro que algún día. Aún así, hay que seguir apostando por un futuro mejor y más complaciente. ¡Ánimo!


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